La Muerte
"El
espíritu es el inicio inteligente
del Universo. Todo lo que tiene
vida tiene espíritu. Existimos
antes de nacer y continuamos viviendo
después de la muerte. Apreciando
la vida como un continuo y desde
una óptica existencial,
podemos afirmar que fuimos, somos
y seremos, y desde una más
amplia perspectiva espiritual,
podemos sostener que antecedemos,
vivimos, convivimos y perduramos.
La humanidad comparte el concepto
de la muerte como un proceso biológico
natural que se manifiesta con
el cese de las funciones vitales
del ser humano, pero una visión
más amplia nos permite
concebirla también, como
un proceso espiritual mediante
el cual el espíritu abandona
el cuerpo físico para continuar
viviendo en otro plano o dimensión.
"La muerte es sólo
un paso más hacia una forma
de vida en otra continuidad, la
experiencia de la muerte es casi
idéntica a la del nacimiento.
Es un nacimiento en otra existencia...
la muerte no es más que
el abandono del cuerpo físico,
es el paso a un nuevo estado de
conciencia en el que se continúa
experimentando, viendo, oyendo,
comprendiendo, riendo y en el
que se tiene la posibilidad de
continuar creciendo"
Luego del desprendimiento del
cuerpo, el alma o espíritu
atraviesa un período de
"restauración",
para recuperar sus fuerzas de
espíritu libre de la materia.
La lucidez de las ideas y la memoria
de su vida retornan muy lentamente,
de acuerdo con su grado de superioridad
espiritual o elevación.
En este momento de "despertar"
al mundo o plano espiritual, el
espíritu nunca se encuentra
solo: es asistido o recibido por
su Ángel Guardián
o Espíritu Protector y
espíritus familiares a
los que unió en vida el
amor.
En este nuevo mundo, repasa su
vida, analiza sus errores y sus
aciertos, ve, oye y se comunica
a través del pensamiento
y del sentimiento en forma directa,
trata de intuir y apoyar a aquellos
seres que dejó en la materia,
porque el amor y el afecto conquistado
son vínculos que no se
interrumpen o destruyen con la
separación física.
A este mundo espiritual podríamos
definirlo como inestimable porque
no es mensurable por lo humano
o material y en él, el
espíritu deberá
aprender a desplazarse sin el
peso del cuerpo o la atracción
de la ley de gravedad.
Conocer y saber más sobre
este proceso común en la
vida de todo ser humano puede
ayudar a encarar el tema desde
otra óptica, más
amplia y evolucionista de la vida.
Olvidamos que es una parte de
la existencia, como el nacer y
que también en esa etapa
final puede haber crecimiento
y desarrollo. No es una enfermedad,
ni una prisión de la que
debemos escapar.
La certeza de la supervivencia
del espíritu luego de la
muerte del cuerpo físico,
constituye una realidad trascendente
al aportar conocimientos sobre
la inmortalidad del alma y lleva
serenidad y confianza en los procesos
de la evolución.
El conocimiento del que el espíritu
es inmortal y que guarda en sí
todos los sentimientos cultivados
en la vida material, porque estos
no conocen de fronteras y límites
terrenos, es base fundamental
de la doctrina Umbandista.
La fe en Dios y en la misericordia
de sus leyes que nos guían
y protegen, aunque no siempre
podamos razonarlas, nos darán
más serenidad y entrega
para saber que la muerte es sólo
el comienzo de otra vida más
plena, donde nos reencontraremos,
en algún momento, con quienes
luchamos, vivimos y amamos, para
seguir aprendiendo y progresando.
La Reencarnación
El ser humano es un espíritu
encarnado en un cuerpo. Este último,
no es el individuo real, sino
su representación exterior.
A través de él,
el espíritu adquiere experiencias
en el mundo material, de acuerdo
con el nivel de progreso moral
e intelectual alcanzado. Estas
situaciones por las que atraviesa
el ser encarnado le permiten depurar
sus errores así como también,
aquilatar virtudes, engrandecer
sus capacidades y contribuir a
su progreso y al de los demás
seres con los que se relaciona.
El contar con este conocimiento
le genera a la persona no sólo
responsabilidades por sus pensamientos,
sentimientos y acciones, sino
que además, le otorga la
tranquilidad y seguridad que devienen
de saber que la vida del espíritu
o alma, no termina con la muerte
física.
La misericordia y el amor de Dios
permiten al espíritu volver
a nacer, ofreciendo así
nuevas oportunidades para progresar.
Reencarnar, es el retorno del
espíritu a la vida corporal,
a un cuerpo diferente en cada
existencia, formado y constituido
de acuerdo con las características
psíquicas y biológicas
predominantes en esa etapa de
su proceso evolutivo. A través
de las vidas sucesivas, el espíritu
va alcanzando nuevos conocimientos
y múltiples experiencias
en distintos órdenes, de
este modo, lo sumado en el pasado
se une al presente, en una relación
causal, que determina el perfeccionamiento
de cada ser y las posibilidades
de realización en el porvenir.
Por lo tanto, la vida material
le otorga la posibilidad de mejorar
y avanzar concientemente a su
superación, otorgándole
al espíritu un nuevo organismo
adecuado a sus condiciones y a
sus objetivos de progreso. Cada
ser, se encuentra en el lugar
y en el medio que necesita para
su evolución. Su familia,
sus parientes, su situación
social y sus vinculaciones, responden
así a sus necesidades espirituales
y a la posibilidad de progreso.
Valorar estas posibilidades implica
acercarse a Dios, agradecer su
misericordia y amor por las oportunidades
que brinda para que se reparen
las faltas cometidas y se avance
a nuevos estados de conciencia
superior.
El progreso espiritual alcanzado
en las pasadas existencias no
se pierde, así como tampoco
los sentimientos conquistados,
aunque no se recuerden a través
de la conciencia cerebral.
La reencarnación, asegura
la continuidad del proceso de
aprendizaje y es, por lo tanto,
el mecanismo indispensable que
garantiza la evolución
espiritual del hombre. Ella explica
de una manera racional, lógica
y satisfactoria las diferencias
humanas, así como también,
alienta al progreso al determinar
que de acuerdo con los esfuerzos
por la reparación y superación
de los errores, y también
al bien realizado, se abrirán
nuevos y mejores caminos para
todos.
Cuán importante sería
que la humanidad comprenda cabalmente
que nacer, morir y renacer son
distintas fases de un camino que
sólo es iluminado por el
Amor y la Misericordia de Dios,
sentimientos que se nos ofrecen
para desarrollar en cada vida,
en cada etapa evolutiva.
Por lo tanto Dios nos dio la facultad
de progresar, de evolucionar desde
los niveles más bajos de
nuestra existencia hasta alcanzar
nuestra real evolución.
En conformidad con la evolución
progresiva todos los hombres transitan
por ese camino de progreso, superación
hasta lograr la meta de la perfección.
Es un largo camino de evolución
o aprendizaje, luchas y sacrificios
que no se puede lograr en una
sola vida, este es él porque
de la reencarnación, que
al cabo de un ciclo evolutivo
formado de varias existencias,
según fuese nuestro comportamiento,
nos elevaremos hasta completar
nuestro ciclo.
Todos los espíritus tienen
que esmerarse por aprender, progresar
y superarse y lograr niveles cada
vez mayores; de actuar con eficiencia,
irán así subiendo
cada vez más los escalones
de la escalera astral; así
pasaran a otros planos superiores.
Pero si han fallado en algunos
puntos o en todos tendrán
que repetir tantas veces como
fuese necesario, porque a los
ojos de Dios nada se escapa, volviendo
de regreso a la Tierra en una
nueva reencarnación, entonces
cada uno de nosotros es responsables
de nuestros triunfos o fracasos.
La Cuarta Dimensión
Como ya sabemos el ser humano
o el mundo material está
regido por tres dimensiones (es
un mundo tridimensional), pero
existe otro plano de existencia
o dimensión que corresponden
a un plano más elevado
de evolución o astral que
es conocido en las ciencias espirituales
como cuarta dimensión.
Es ahí donde tiene su morada
muchos seres espirituales que
varían en sus niveles de
elevación.
En esta cuarta dimensión
es donde pasamos el tiempo después
de la muerte en espera de una
nueva reencarnación.
Es en esta dimensión donde
viven la mayoría de las
Entidades que llegan dentro del
Umbanda y dentro de la Kimbanda.
Pero al igual que en nuestro mundo
físico (tercera dimensión)
aquí se encuentran seres
de diferente estados evolutivos,
todos los fenómenos que
en nuestro plano físico
llamamos paranormales se dan en
esta dimensión.