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Los principios básicos de la Umbanda son:

La Existencia de Dios

Dios existe. Es el origen y el fin de todo. Es el creador, la causa de todas las cosas. Dios es la Suprema Perfección, con todos los atributos que nuestra imaginación puede imaginarle, y mucho más. No podemos conocer su naturaleza, porque somos imperfectos. ¿Cómo una inteligencia limitada e imperfecta como la nuestra podría abarcar el conocimiento ilimitado y perfecto que es Dios?

Inmortalidad del Alma

Antes de ser seres humanos, hijos de nuestros padres, somos, en realidad, hijos de Zambí. El Espíritu es el principio inteligente del Universo, creado por Zambí, simple e ignorante, para evolucionar y realizarse individualmente por sus propios esfuerzos.
Como espíritus ya existíamos antes de nacer y continuaremos existiendo, después de la muerte física.

Cuando el espíritu está en la vida del cuerpo, decimos que es un alma o espíritu encarnado. Cuando nace, decimos que reencarno; cuando muere, que desencarnó. Desencarnando, vuelve al Mundo Espiritual, de donde provino al nacer.
Los espíritus son, por lo tanto, personas desencarnadas que en el presente se encuentran en estado espiritual.

Reencarnación

Creado simple e ignorante, el espíritu es quien decide y crea su propio destino. Para eso él es dotado de libre albedrio, o sea, capacidad de discernir entre el bien y el mal. De esta forma, tiene posibilidades de desarrollarse, evolucionar, perfeccionarse, tornándose cada vez mejor, más perfecto, como un alumno en la escuela, que pasa de un grado, a través de los diversos cursos.

Tal evolución requiere aprendizaje, y el espíritu sólo puede alcanzaría encarnando y reencarnando en el mundo, cuantas veces sean necesarias, para adquirir más conocimientos, a través de las múltiples experiencias de la vida.

El progreso adquirido por el espíritu, por las experiencias vividas en las innumerables existencias, no es solamente intelectual, sino sobre todo, el progreso moral, que lo aproximará cada vez más de Zambí.

Pero, así como el alumno pude repetir el año escolar una, dos o más veces, el espíritu que no aprovecha bien su existencia en la Tierra puede permanecer estacionado por mucho tiempo, conociendo mayores sufrimientos, y así atrasando su evolución.
No sabemos cuantas encarnaciones ya tuvimos, y mucho menos cuantas tenemos frente a nosotros.
No obstante, sabemos que como espíritus atrasados, tendremos muchas y muchas encarnaciones, hasta que alcanzamos el desarrollo moral necesario para tornarnos espíritus puros.

Sin embargo, no todas las encarnaciones se verifican en la Tierra. Existen mundos superiores e inferiores al nuestro. Cuando evolucionemos mucho, podremos renacer en un planeta de orden elevado. El Universo es infinito y “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”, ya lo decía Jesús.

La Tierra es un mundo de una categoría moral inferior, basta observar el lamentable panorama en que se encuentra la Humanidad. A pesar de ello, la misma esta sujeta a transformarse en una esfera de regeneración, cuando los hombres se decidan a practicar el bien y la fraternidad reine entre ellos.

Omisión del Pasado

No nos recordamos de nuestras vidas pasadas y en eso está la sabiduría de Zambí. Si recordásemos el mal que hicimos o los sufrimientos que pasamos, los enemigos que nos perjudicaron o que aquellos a los que perjudicamos, no tendríamos condiciones de vivir entre ellos actualmente.

Así, muchas veces, los enemigos del pasado hoy son nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros amigos, que en el presente se encuentran con nosotros para la reconciliación. Por esto existe la reencarnación.

Ciertamente hoy estamos corrigiendo errores practicados contra alguien, sufriendo las consecuencias de crímenes perpetrados, o aún, somos amparados y auxiliados por aquellos que en un pretérito, nos perjudicaron. Se ve así la importancia de la familia, en donde se acostumbra reatar los lazos cortados en existencias anteriores.

La reencarnación, de esta manera, es la oportunidad de reparación, como es también una oportunidad de pongamos nuestros esfuerzos por el bien de los demás, apresurando nuestra evolución espiritual. Cuando reencarnamos, traemos un “plan de vida”, compromisos asumidos delante de las Entidades Superiores y delante de nosotros mismos, y que se refieren a la reparación del mal y a la práctica de todo el bien posible.

Dependiendo de nuestras condiciones espirituales, pudimos o no haber escogido las pruebas, los sufrimientos o las dificultades que pondrán a prueba nuestro desarrollo espiritual.
Por lo tanto, la reencarnación, como un mecanismo perfecto de la Justicia Divina, nos explica porque existe tanta desigualdad de destinos entre las criaturas de la Tierra.

La finalidad de la vida en la Tierra es por lo tanto:

  1. Para que expiemos el mal practicado, pagando con sufrimiento nuestros errores.
  2. Para probarnos o para medir nuestro grado de evolución, ante las dificultades de la vida.
  3. Para que ayudemos a la Humanidad y ejemplifiquemos el bien frente a los demás.
  4. Para desempeñar una misión especial, en el caso de espíritus elevados que prestan grandes servicios a la Humanidad.

Por el mecanismo de la Reencarnación, verificamos que Zambí no castiga. Somos nosotros los causantes de nuestro propio sufrimiento, por la ley de “acción y reacción”.

Fe Razonada

Para poder creer de verdad, antes que todo, necesitamos comprender aquello en que debemos creer. La creencia sin el razonamiento no pasa de ser una creencia ciega, aún mismo una superstición. Antes de que aceptemos algo como verdad, debemos analizarlo bien. El mal de mucha gente es creer fácilmente en todo lo que le dicen, sin un examen cuidadoso.

Ley de Evolución

Cada uno de nosotros es un espíritu encarnado a camino de Zambí. La vida en la Tierra es siempre una oportunidad de reajuste en el camino del bien. La elección nos pertenece.
Así, las consecuencias buenas o malas son resultado de nuestras propias decisiones. Es la ley de “acción y reacción”, o de las causas y consecuencias. Si, ahora, estamos sufriendo, podemos concluir que la causa del sufrimiento proviene de errores anteriores.

Por lo tanto, si hacemos el mal, tarde o temprano, sufriremos sus consecuencias. “A cada uno según sus obras” dijo Jesús. Esto explica la razón de tanto sufrimiento en el mundo.

Por eso, unos caminan más rápido que otros, como los diferentes alumnos de una misma clase escolar. Cuanto mejor sea nuestra conducta, más rápido nos liberaremos de los sufrimiento, acortando el camino de la evolución.

No hay cielo ni infierno, conforme lo pintan las religiones tradicionales. Lo que existe son estados de alma que pueden ser descritos como celestiales o infernales. Tampoco existen ángeles o demonios, sino apenas espíritus superiores y espíritus inferiores, que también están en el camino de la perfección: los buenos se volverán mejores y los malos se regenerarán.

Zambí no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, y la voluntad de Zambí, es la Ley.
Si la suerte del ser humano fuese inapelablemente determinada después de la muerte, todos estaríamos perdidos, una vez que hemos sido más malos que buenos y casi nadie, hoy en día, merecería ir para el cielo de bienaventuranzas, en donde sólo serían admitidos los puros.

Por otra parte, una vida, por más larga que sea, nos es suficiente para esclarecernos a respecto de los planes de Zambí. Muchos ni siquiera tienen con garantizar su propia sobrevivencia y mucho menos aún la oportunidad de una buena educación.
Muchos nunca fueron orientados hacia el bien. Otros, mueren demasiado temprano, antes aún de conocer el mejor camino a seguir.

Para que podamos medir lo que existe de absurdo en la idea del cielo y el infierno, como penas eternas, basta que formulemos las siguientes preguntas:

¿Cómo es que Zambí, siendo el Supremo saber, sabiendo inclusive nuestro futuro, crearía un hijo, sabiendo que él iría al infierno para toda la eternidad? ¿Qué Dios seria ese? ¿Donde estaría su bondad y su misericordia?”

La Ley Moral

Por lo tanto, nadie está perdido. Cada uno tiene la oportunidad que merece. Si un padre humano, que es imperfecto y malo, no es capaz de condenar eternamente a un hijo, por malo que sea, ¿cómo lo sería Zambí, que es nuestro Padre Misericordioso y Perfecto, que hace llover sobre los buenos y los malos, que permite que la luz del sol ilumine a justos e injustos indistintamente?

Dijo Jesús: “Nadie podrá ver el Reino de los Cielos si no nace de nuevo”. Se refería al nacimiento de cuerpo y al renacimiento moral de las criaturas, o sea, al nacimiento por el “agua y el espíritu”.

De allí que sepamos que la vida es siempre una nueva oportunidad de reconciliación con los ideales superiores del bien y de la verdad.
Seguir el vivo ejemplo de Jesús debe ser el ideal de todo ser humano sincero.

“Amaos los unos a los otros” recomendó Jesús.
Y no hay otra manera de amar, que ser caritativos. Caridad significa ser benevolente, paciente, tolerante y humilde.

Podemos hacer todo eso, cuidando mejor de nuestras actitudes, vigilando nuestro comportamiento diario, siendo más atentos y gentiles, viendo en los otros más sus cualidades y finalmente, siendo más exigentes con nosotros mismos.

Y por ultimo quiero dejar un pensamiento mío hacia todos los Guías Espirituales

Hoy estando aquí en está vida mortal, pienso con nostalgia en los tiempos lejanos, más allá de tiempo pasado, presente o futuro.

Evocando humildemente el sentir de las voces de aquellos que desde siempre nos han orientado y protegido y que en su bondad infinita han decidido acompañar a toda está Humanidad, por la senda del Sublime Maestro, que con su inmenso amor y desde su morada junto al Zambí nos conduce hacia nuestro progreso espiritual.

Como Religión Redentora Umbanda, no es un conjunto de fundamentos ni doctrinas fríamente establecidas.

Como Religión Redentora, Umbanda es una fusión de normas morales y espirituales en eterna evolución, que nos llevan al perfeccionamiento espiritual, no solo a los encarnados sino también a los desencarnados.

A estos Espíritus que manifestándose como nuestros queridos Guías de Umbanda y Kimbanda, les debemos agradecer la oportunidad de que junto a ellos podamos cumplir nuestra misión de ayudar a quienes necesitan del invaluable conocimiento espiritual para que puedan alcanzar su propia paz interior.

Debemos comprender por eso, que un Guía no nos da consejos de cómo manejar una situación personal. Nos enseña la actitud interior que debemos tener para enfrentar las situaciones y los problemas personales, según nuestro libre albedrío, siempre en elevado estado espiritual y de acuerdo a los preceptos de nuestro Amado Redentor.

Ellos están aquí para restablecer y enseñar los preceptos del Maestro Jesús, Espíritu que con su vibración de amor, llega a cada uno de nosotros por medio de dichas instrucciones, que son manifestaciones divinas, momentos de sosiego para las almas.

Durante las manifestaciones de nuestros Guías, que llegan a la Sesiones de Caridad, debemos recordar que ellos llegan para ayudar a todos los que recorren este camino en la Tierra, camino de reparación, para nuestros problemas espirituales, base fundamental del conocimiento moral, pues sin esa orientación nunca terminaremos de agregar por propia voluntad dolor al dolor.

Saravá Umbanda ya todos nuestros queridos Guías Espirituales.

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